col1

   

 

La Casa Eduard Duckesz y
el Cementerio Judío de Altona

El cementerio judío de Altona, con una superficie de 1,9 hectáreas, es el cementerio judío más antiguo del Hamburgo actual y el cementerio judío-portugués más antiguo del norte de Europa. Por su antigüedad y por su extraordinario arte sepulcral está bajo la protección del patrimonio nacional desde 1960. Desde hace algunos años los científicos piden que se le confiera el título de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO junto con los cementerios judíos de Curaçao, Jamaica y Surinam. En los años 70 del siglo xix tuvieron lugar 9000 entierros, 2000 de ellos en el área judío-portuguesa y los 7000 restantes en la parte judío-alemana. Más de 6000 lápidas alemanas y 1.600 portuguesas se han conservado por entero o fragmentariamente.
El cementerio es propiedad de la Comunidad Judía de Hamburgo. La Oficina del Patrimonio es la responsable de la restauración de las lápidas, el Instituto de Historia de los Judíos Alemanes (Institut für die Geschichte der deutschen Juden) investiga el cementerio en colaboración con el Instituto Salomon Ludwig Steinheim de Duisburgo y la Fundación para la Preservación de Monumentos(Stiftung Denkmalpflege) coordina la Casa Eduard Duckesz y el programa de visitantes y de formación continua.

 

INVESTIGACIÓN

El cementerio portugués fue investigado ampliamente a lo largo del siglo pasado. Entre las investigaciones destacan, sobre todo, las de Isaac Cassuto, presidente de la comunidad, la del rabino Dr. Max Grunwald y la del estudiante de Filología Románica, Alfonso Cassuto. Todas las lápidas han sido registradas cartográficamente así como documentadas, fotografiadas y traducidas. A todas ellas se les ha asignado un número en un mapa cuadriculado, lo que facilita su ubicación. El cementerio, sin embargo, no dispone de ningún mapa de los caminos. Por ello se ruega a los visitantes que se dirijan a los empleados de la Casa Eduard Duckesz.

 
Literatura

Studemund-Halévy, Michael: Das Eduard-Duckesz-Haus, idem, Zerstört die Erinnerung nicht, Hamburg 2010, S. 210-212